Ya hay un alto prelado en la cárcel por blanqueo de dinero y un arzobispo en arresto domiciliario por abuso de menores. El papa Francisco no ha ido todavía ni a Milán ni a Lourdes ni a Madrid, pero sí a Corea, a Albania y a la isla de Lampedusa, lugares donde ni el catolicismo ni la vida misma han navegado nunca con el viento a favor.
